sábado, noviembre 08, 2008

El húmedo misterio del instante previo a perder la razón

La “Venecia de Villa Urquiza”, así se hizo famoso el problema de Lucrecia Domínguez. Famoso, por supuesto, es un término relativo. Era cruel, eso sí. Cruel, y sórdido... maloliente también se había convertido en el otro adjetivo escuchado al pasar cada que vez que se contaba la historia de la “Venecia de Villa Urquiza”. Pobre Lucrecia Domínguez que lloraba y lloraba mientras su departamento de la calle Acha se inundaba. De cada arteria del azulejado de la cocina caían hilos de agua que terminaban en el piso. Canales venecianos que pronosticaban la próxima inundación. Y eso que Lucrecia había enviado cartas y cartas al consorcio pidiendo que le arreglen la humedad en la cocina. Pero se sabe, que muy pocas veces en la ciudad se cumplen los requisitos necesarios para una feliz convivencia. Lucrecia lloraba y lloraba, mientras sin éxito llamaba “a lo de Urtubey” soñando que el bueno de Matías vendría corriendo a solucionar el pequeño problema. Para su desgracia era jueves, y los jueves, Matías Urutubey y sus compinches del Bar Berruza jugaban un picadito contra los pibes de la sodería de la calle Armesti.
No quiero recordar hechos tan tristes como el levantamiento del parquet del living mientras el agua iba avanzando a paso inexorable hacia la puerta de entrada. Ya bastante se acuerdan los vecinos de Lucrecia de semejante catástrofe. Tal vez un hecho poco puntual es que Lucrecia no sabía nadar, y si bien tampoco es para tanto, quería compartirlo. Cuando Lucrecia dejó de llorar, ya el agua bajaba por las escaleras, en una cascada sin piedad. Rápidamente saltó los rápidos que corrían debajo de la mesa del comedor, pero su cuerpo no tuvo la elasticidad suficiente para no perder el equilibrio sobre el piso inundado. Cayó a lo largo del living, cuando logró incorporarse se subió a la mesa y allí se quedó durante media hora. Se trató de una elección triste, pero Lucrecia nunca se lamentó. Ahí mismo, cruzada de piernas sobre la mesa que le había regalado su mamá, Lucrecia se nombró coloquialmente como Primera Ministro Gobernadora de la Venecia de Villa Urquiza, su casa. Ya no lloraba, ahora solamente observaba como las maderas del parquet se doblaban y nadaban, como la tela del sillón del living se iba volviendo más oscura gracias a la humedad que estaba subiendo por sus patas, como estaba perdiendo todo lo que le había costado años de trabajo.
La primera ley que dictó como Primera Ministro Gobernadora de la Venecia de Villa Urquiza fue averiguar ¿cuántas partes por millón de litros de toda esa gran humedad eran en realidad residuos industriales que venían a quedar allí, en su departamento?
Y mientras pensaba cuál sería su próxima ley, la puerta de su departamento se abrió. Al principio se encontró con las caras de sus vecinos, asombrados, perplejos. Y luego, escuchó una voz que veía del montón.
- Un hombre nunca puede poner un pie en el mismo río dos veces, pero puede orinar en el mismo río muchas... muchas veces- la figura de Pascual, el loco del barrio, se abrió camino entre la gente, y entro chapoteando al departamento.- Me pregunto si esa sabiduría se aplica también a inundaciones domesticas...
Lucrecia quedó muda y así estuvo hasta que despertó una semana después. En el Pirovano dijeron que fue un pico de stress, ella recordaba como su vivienda había quedado destruida en segundos, y la mano de Pascual, el loco del barrio, que la instaba a dejar aquel lugar que alguna vez fue su hogar. Por un momento, el instante de un parpadeó Lucrecia recordó la segunda ley que había decretado... pero no la dijo en voz alta, ella sabía que estuvo a punto de volverse loca cuando vio su casa inundada. Pascual, el loco del barrio, la salvó.

23 comentarios:

Cachito dijo...

Cortita y al pie:
Este relato hace agua por todas partes.

Carolate dijo...

Madre mía!!! Una inundación y me volveré loca tratando de salvar todos mis libros.

Viviuska dijo...

Sé lo que es ver chorrear el agua por las paredes...
Pobre Lucrecia...
Christian, basta de aguaaaaa!!!! :(

Maga dijo...

un pico de stress



en fin

CaroTros® dijo...

Puff, me hizo recordar el día en que se incendió mi departamento de Flores.

Cuando los bomberos me dejaron subir, lo tuve que hacer por la escalera que era una especie de catarata de agua que bajaba desde el sexto piso.

Mejor no le cuento las caras de mis vecinos, sobre todo la sra de abajo que estaba tirando todo su alfombrado.

Con el tiempo entendieron que era mejor el agua, que si se les hubiera incendiado todo a ellos también.

Un beso,
Caro.

mariana dijo...

Me acuerdo ese fatídico día del 2003. Un tremendo bajón.

xavier dijo...

Muy bueno! Me encantó la cordura del loco

Wonder dijo...

Cómo me remite al Gran Julio tu relato...
Pavada de piropo, ¿no?
Besos.

Esther dijo...

Debe de ser horrible el ver que todo aquello que conseguiste poquito a poquito y con tanto esfuerzo queda destruido. Por suerte, no me ha pasado pero, he visto a gente a la que sí... ...todo aquello que consiguieron se fue al traste en pocos segundos. Sí, debe de sentar fatal.

Me gustó mucho el relato, el cómo está redactado tb.

Saluditos.

Flan dijo...

.... mmm
habrá sido una lágrima la que inundó el asunto?

Luna dijo...

La moraleja será que sólo los locos pueden salvarnos?

Besos

MaRiPoSa dijo...

Una inundacion... Creo que salvaria mi caja de cartas sin pensarlo dos veces!!!!

Que groso Pascual es el unico que racciono ante tanta catastrofe... Asi son los locos

Saludos Chris!!

SANDRA dijo...

HOLA QUE LINDO LO QUE ESCRIBES UN BESO MUY BUEN BLOG
DESDE LA DISTANCIA TE ACOMPAÑO

Maga dijo...

y eso de un post cada dos dias?

que onda?

no sabes contar??

;P

Cachito dijo...

Che, al final no queda suficientemente claro si Pascual peló el trozo y se echó una meada ahí mismo, se mojó encima o simplemente se solazó en la metáfora.
Otra cosa: excelente la inclusión sutil e intencionada de "Pirovano" dando a entender que Pascual y Lucrecia acabaron pirovando furiosamente en las aguas. Un golazo, vieja.

P.D.: Momia, hablale a Sandra de mí. Dale, no seas botón...

ESCRIBIENTE dijo...

En situaciones desesperantes, sólo la locura -como la de Pascual- puede alumbrar cordura.

Tiene que resultar insoportable contemplar cómo el agua se te lleva todo, pero más horroroso debe ser pensar en que otra vez debes empezar de nuevo. ¿Cómo el ser humano será capaz de sacar energía ante las desgracias? Pura supervivencia, me imagino.
Un buen relato.

Blonda dijo...

Pero qué salamina, me había perdido este post :P

El loco del barrio debería haber entrado en barquito y oficiar de gondolero al ritmo de Oh Sole Mio...

Besos

Nanny Ogg dijo...

Me ha encantado la entrada de Pascual el loco,el único que podía salvarla de la locura :)

Besos

Celestina dijo...

Me puse nerviosa sólo de imaginar el parquet levantándose...Wahhhh! Pobre, Lucrecia... muchos habremos pasado por una situación similar alguna vez. Coraje! Siempre hay un Pascual para ayudar!

Muy buena, besos.

Laura dijo...

Pacual realmente existió o era un producto de su propia locura??

Pudo perdonar alguna vez a Urtubey?


Qué feo perder todo. Lo bueno es que no le llegó el agua al cuello(?)

Viviuska dijo...

Perdón, en dónde me perdí?
En el mes aniversario no ibamos a tener actualizaciones día por medio?

Cachito dijo...

Momia, me parecía que Lucrecia era de las que se mojaban lindo pero tampoco pensé que era para tanto...a la final resultó más calentonta que una perra la guachita.
Quién fuera Pascual, carajo. Ves, otro que se hace el loquito para pasarla bien.

Christian dijo...

cachito: Alguien se despertó bardero hoy.

carol: ¿Y los crios, mala madre?

vivi: Pero me extraña, vos sos como la plomera de los blogs, no debería ser problema. =)

maga: Uhmmm... no entendí.

caro: ¿No lo prendiste fuego vos? ¬¬ Alejate de ese encendedor.

mariana: ¿Quién podría olvidarlo? Si todavia me acuerdo como gritaba la gorda.

xavier: Usted y sus halagos, muchas gracias, caballero.

guonder: :O Sin palabras. Muacks.

esther: Muchas gracias, por suerte no me toco vivir eso en carne propia, espero nunca tener que.

flan: Hay lágrimas que son terribles, no queres saber.

luna: No se si especular tanto, prefiero creer que Pascual sigue siendo un tipo pintoresco.

mar: ¿Tu caja de cartas? ¿Cartas misivas, baraja española o poker?

sandra: Gracias, San.

maga: Vos ya sabes por que no puedo postear, asi que no empecemos.

cachito: Uhmmm...

escribiente: Creo que el hecho de esa sorpresa ante algunas catastrofes es lo que nos hace mas vivos aún.

blonda: Te perdiste este post, porque no paras de escribir y refreshear tu bloguito. Ya no me consideras. Snif.

nanny: Gracias por tu compañia. =)

celes: Gracias, Cele. Y si, la imagen de el parquet incomoda un poco, ya me lo dijeron. =S

lau: Te estas juntando mucho con Cachito. (?)

vivi: Si, ya se, ya se. Que desastre. Se me complicó un poquito con algo de laburo... Algo mucho. Demasiado. Prometo hacer algo al respecto, no me tires las orejas.

cachito: Los hombres son así, como a vos te gustan.